
Con 18 años de edad, el Glenmorangie, posee un color dorado acaramelado profundo, y un aroma donde resaltan las notas claves, nueces y vainilla, y también unos suaves y delicados toques florales.
Del gaélico, Glenmorangie se deslinda de palabras: glen que quiere decir “valle” y morangie, que significa “tranquilidad“, y es precisamente esa la palabra que completa el sentido a este placer gustativo, un elixir que en las rocas o con agua mineral se convierte en un verdadero deleite.
Al paladar es sedoso y suave pero con un sabor profundo, de hecho, empieza con un sabor a naranja y toronja, luego aparecen las texturas de la malta, miel y notas florales y al final, se lucen las nueces y las frutas secas.
Este whisky tiene una gran textura debido a que cuenta con un largo periodo de añejamiento (18 años) y para todos los interesados, les debo decir que cuesta 142 euros, un precio poco alto para tan gran delicia.




